Narración
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| CHUQLLÚ Cuentos del abuelo grillo |
En el discurrir del tiempo, la humanidad
ovilla que ovilla
el hilo de su destino.
M F Z .
ovilla que ovilla
el hilo de su destino.
M F Z .
ÍNDICE
1. Introducción
2. No tiene
pies, pero camina veloz
3. El diluvio del
tamboril
4. Gentes grillos
de Chuqllú
5. Crónica de
una sequía
6. ¡Gaviotas,
gaviotas!
7. ¿De dónde
viene la lluvia?
8. Golondrinas
del likaq
9. Contrapunto
10. Cosas de
comadres
11. El
condenado que vimos
12. Con el duende
de las minas
13. Una
reunión de flores
14. Aquel
horrísono clarín
15. Una
célebre contraorden
16. No
espantes mis jilgueros
17. Warachikuy del Barroso
18. Sabiduría de mamá Jilguera
19. Rin, rin y el ama kella
20. Arácnido disfraz
21. Por soñar culebra
22. Hechizo de escoleros
23. En vez de tener miedo
24. Amor, Olvido, Recuerdo
25. Remedio de Sicha.
26. Contratapa.
Introducción
Introducción
Temas diferentes y personajes diversos conforman el conjunto de 26 narraciones que contiene este libro. Son historias vinculadas a mitos, leyendas, cuentos, fábulas, tradiciones y referencias de la oralidad literaria del mundo andino.
Pero las narraciones del libro no pretenden configurarse en ninguna de las especies literarias mencionadas. Únicamente se muestran como productos elaborados, o re-elaborados con la materia prima, en permanente vibración vital, tomada de las profundidades del alma anónima de los pueblos, de las milenarias obras clásicas orales; y tratan de prolongarse en el eco de las voces múltiples y corales de anónimos narradores orales.
Estas historias se encauzan hacia la enseñanza, siguiendo el hilo conductor del mensaje fundamentalmente educativo de las oralidades literarias, además de su contenido informativo y recreativo, cuyo sentido educativo se orienta, desde hace milenios, al trabajo como una forma de vida digna y humana, donde todos y cada uno de los hombres, mujeres, niños y ancianos tenían el irrenunciable derecho a ejercerlo, a vivir trabajando con alegría. Precisamente, por este concepto de vida que aún tiene vigencia en la cultura del mundo andino, la audiencia a la que se dirige nuestro libro está conformada por toda la comunidad, las familias que la integran y, dentro de ellas, principalmente por el niño y el abuelo; asimismo, por el binomio profesor y alumno en la intercomunicación del sistema escolarizado.
Además de tiernas, la preguntas infantiles son curiosas y sencillas y, a la vez, sensatas y profundas, como las dirigidas a saber quién los trajo al mundo, por qué se tiene que obedecer a los mayores, para qué se tiene que estudiar, en fin.
Y, para cuyas respuestas, la gente mayor, además de sus conocimientos librescos, necesita echar mano a la alforja del arte y la sabiduría orales.
Entonces, también, este libro habrá cumplido su principal objetivo, al ponerse al alcance de las manos del lector.
El autor
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No tiene
pies, pero camina veloz
Desde
el comienzo de los comienzos del Mundo,
viene por mar y aire un ser extraordinario llamado Kon.
No tiene huesos,
pero su cuerpo de piedra y brasa, a orillas del amanecer, resplandece. Y, como
rayo de luz, se mueve porque es hijo del Sol.
Veloz vuela aunque
sus alas no parecen alas. Rápido anda sin siquiera tener pies. Acorta los
caminos, bajando por los valles y subiendo por las sierras, tan sólo impulsado
por su palabra y voluntad.
Semejante a un amaru, o serpiente de siete colores y
con algo así como aletas de candela viva, a muchos sitios llega poblando la
Tierra de hombres-piedra y mujeres-roca.
A todos ellos y
ellas los quiere por igual, y les da de comer hogaza cotidiana y frutas en
abundancia.
Infinitos, sus ojos.
Infinita, su mirada que atraviesa la noche y sus profundidades, el día y sus
muros infranqueables, según cuenta la memoria oral de los zorros de arriba y de
los zorros de abajo.
Sucede, sin
embargo, que algunos hombres-cizaña y mujeres-guadaña el pan contaminan, las
frutas hacen pudrir e hinchan de agio y usura sus casas.
Kon, entonces, los castiga. Cubre
la tierra, antes fructífera, de secos arenales y de estériles desiertos. Les
quita para siempre la lluvia.
Pero, ahí nomás y
felizmente, viene el otro hijo del Sol, de nombre Pachakámaq.
Con perfil de mares
y olas, de tierras y calicantos y vivificantes paisajes, este Pachakámaq, o Animador de la Tierra y del Tiempo, busca
al apu Kon para dialogar.
Y dialogan ambos
hijos solares. Y siguen dialogando, desde la salida del Sol hasta la entrada de
la madre Luna.
Hablan sobre el
origen de los orígenes, del tiempo de los tiempos. Y, al tratar de ponerse de acuerdo: o en el
reino de los simios y de la simionidad, o en la animación de otros y nuevos
seres terrenales, no pueden ellos tener el mismo criterio.
Discuten los dos
hermanos. Y estallan los volcanes arrojando piedras de candela, bosques y
bosques de fuego y de aire feroz. Un temblor de serpientes se hace la Tierra , abriéndose en
barrancos, quebradas y abismos.
Arriba, allá en los
breñales, se cubre con flor de piedra y nieve la vertebral columna de las
milenarias cordilleras.
Todo se agita y quiebra.
Se convulsiona y rompe todo. El Mundo es un catastrófico katatay, o temblor, de extremo a extremo. Pero ninguno de los apus animadores quiere ceder su punto de
vista.
Un mediodía pleno, a
la hora en que se pone vertical el padre Sol, al fin, se calman los ánimos.
A otros
contornos de la memoria es enviado el apu Kon,
junto con sus criaturas primarias. Aquellos proto-hombres y aquellas
proto-mujeres, en monos son convertidos.
Ya casi invisible en los extramuros de la lejanía, la sombra de Kon se reduce a
un solo puntito, apenas vibrátil e incoloro. Y se extinguen las candelas
geológicas de una milenaria génesis lítica, cataclísmica, abismal.
No se sabe cuánto duró la era del silencio y la
inacción, de la ausencia y el vacío.
Todo parecía
cubrirse de sombras y olvidos. Y la nada aumentaba cada vez más.
Entonces, desde otras
extremidades del tiempo y de muy adentro del Mundo, poco a poco, comienza a
resplandecer una luz en el horizonte.
Es la figura de Pachakámaq, brindándoles alma y
espíritu a todos los seres y, un ordenamiento biológico a la naturaleza.
Es luz de aurora que
anima y da espíritu a la realidad.
Es una dinámica de
armonía, equilibrio y complementariedad en todo lo que se mueve y conmueve.
El pacha tiempo y el pacha espacio adquieren el maravilloso
kamay, o acto de animación.
De los lagos y
lagunas de arriba y de los ríos y océanos de abajo, como volteando el caos geológico,
hace brotar Pachakámaq a los hombres y mujeres de carne y hueso, de alma y
espíritu.
Organizados,
después, en ayllus, o colectividades
andinas, los runas, o gentes, desarrollan
a flor de arco iris sus vidas. A racimos de estrellas y luceros y galaxias
multiplican sus cósmicos ensueños. Izan a vuelo de kukulis, o palomas, la pacífica alegría sobre el techo de sus casas
de piedra y argamasa.
No adoran a Pachakámaq. Tampoco le temen. Porque él
no es dios, sino un sencillo y amoroso padre animador de los seres de la Tierra. Ni siquiera
todopoderoso es, porque el poder máximo
nomás lo tiene el ayllu y la colectividad
de las cuatro mitades del Tawantinsuyo.
En armonía social y espiritual se multiplica
la vida, y el ayllu hamutay, o
pensamiento colectivo, de los runas,
se orienta hacia la educación y el trabajo.
En equilibrio económico, los pueblos tienen
lo que por derecho deben tener. No pueden faltar la papa y el maíz de cada día,
porque nadie tiene el derecho a morirse de hambre.
Hasta que, una
tarde trágica, llegan unos monstruos llamados conquistadores, semejantes a los sacha runas, o salvajes, castigados por Kon.
Desde entonces, el
virus de la conquista corroe y corroe el cuerpo y el alma de los descendientes
del Sol.
Los apus, o señores, ancestrales son
retirados de la historia. Y, como queriendo olvidarlos, se les desplaza a sitios
del mito y la leyenda.
En el horizonte, se
van diluyendo las líneas de su presencia tutelar
Tanto que ya casi
nadie los aprecia ni valora.
Solo el abuelo Grillo,
al final del relato, pone candela en sus
ojos. Y prende la luz del optimismo en la siguiente pregunta que, a la vez,
lleva su propia respuesta:
- ¿Cuál está más cerca de la
verdad, el mito o la historia?
