domingo, 1 de junio de 2014

CHUQLLÚ Cuentos del ...

Narración

CHUQLLÚ  Cuentos del abuelo grillo

En el discurrir del tiempo, la humanidad
ovilla que ovilla 
el hilo de su destino. 
                            M F Z .

   ÍNDICE
                                                                                
1. Introducción                                                      
2. No tiene pies, pero camina veloz                    
3. El diluvio del tamboril                                      
4. Gentes grillos de Chuqllú                                
5. Crónica de una sequía                                    
6. ¡Gaviotas, gaviotas!                                         
7. ¿De dónde viene la lluvia?                              
8. Golondrinas del likaq                                       
9. Contrapunto                                                    
10. Cosas de comadres                                      
11. El condenado que vimos                               
12. Con el duende de las minas                          
13. Una reunión de flores                                  
14. Aquel horrísono clarín                                 
15. Una célebre contraorden                             
16. No espantes mis jilgueros                           
17. Warachikuy del Barroso                             
18. Sabiduría de mamá Jilguera                       
19. Rin, rin y el ama kella                                 
20. Arácnido disfraz                                         
21. Por soñar culebra                                      
22. Hechizo de escoleros                                
23. En vez de tener miedo                               
24. Amor, Olvido, Recuerdo                             

25. Remedio de Sicha.                                     
  26. Contratapa.


Introducción

 Temas diferentes y personajes diversos conforman el conjunto de 26 narraciones que contiene este libro. Son  historias vinculadas a mitos, leyendas, cuentos, fábulas, tradiciones y referencias de la oralidad literaria del mundo  andino.

Pero las narraciones del libro no pretenden configurarse en ninguna de las especies literarias mencionadas. Únicamente se muestran como productos elaborados, o re-elaborados con la materia prima, en permanente vibración vital, tomada de las profundidades del alma anónima de los pueblos, de las milenarias obras clásicas orales; y tratan de prolongarse en el eco de las voces múltiples y corales  de anónimos narradores orales.

Estas historias se encauzan hacia la enseñanza, siguiendo el hilo conductor del mensaje fundamentalmente educativo de las oralidades literarias, además de su contenido informativo y recreativo, cuyo sentido educativo se orienta, desde hace milenios, al trabajo como una forma de vida digna y humana, donde todos y cada uno de los hombres, mujeres, niños y ancianos tenían el irrenunciable derecho a ejercerlo, a vivir trabajando con alegría. Precisamente, por este concepto de vida que aún tiene vigencia en la cultura del mundo andino, la audiencia a la que se dirige nuestro libro  está conformada por toda la comunidad, las familias que la integran y, dentro de ellas, principalmente por el niño y el abuelo; asimismo, por el binomio profesor y alumno en la intercomunicación del sistema escolarizado.

Además de tiernas, la preguntas infantiles son curiosas y sencillas y, a la vez, sensatas y profundas, como las dirigidas a saber quién los trajo al mundo, por qué se tiene que obedecer a los mayores, para qué se tiene que estudiar, en fin.

Y, para cuyas respuestas, la gente mayor, además de sus conocimientos librescos, necesita  echar mano a la alforja del  arte y la sabiduría orales.

Entonces, también, este libro habrá cumplido su principal objetivo, al ponerse al alcance de las manos del lector.
  
                                                                  El autor

                                                                 *****************************





No tiene pies, pero camina veloz

    Desde el comienzo  de los comienzos del Mundo, viene por mar y aire       un ser extraordinario llamado Kon.

No tiene huesos, pero su cuerpo de piedra y brasa, a orillas del amanecer, resplandece. Y, como rayo de luz, se mueve porque es hijo del Sol.

Veloz vuela aunque sus alas no parecen alas. Rápido anda sin siquiera tener pies. Acorta los caminos, bajando por los valles y subiendo por las sierras, tan sólo impulsado por su palabra  y  voluntad.

Semejante a un amaru, o serpiente de siete colores y con algo así como aletas de candela viva, a muchos sitios llega poblando la Tierra de hombres-piedra y mujeres-roca.

A todos ellos y ellas los quiere por igual, y les da de comer hogaza cotidiana y frutas en abundancia.

Infinitos, sus ojos. Infinita, su mirada que atraviesa la noche y sus profundidades, el día y sus muros infranqueables, según cuenta la memoria oral de los zorros de arriba y de los zorros de abajo.

Sucede, sin embargo, que algunos hombres-cizaña y mujeres-guadaña el pan contaminan, las frutas hacen pudrir e hinchan de agio y usura sus casas.

Kon, entonces, los castiga. Cubre la tierra, antes fructífera, de secos arenales y de estériles desiertos. Les quita para siempre  la  lluvia.

Pero, ahí nomás y felizmente, viene el otro hijo del Sol, de nombre Pachakámaq.

Con perfil de mares y olas, de tierras y calicantos y vivificantes paisajes, este Pachakámaq, o Animador de la Tierra y del Tiempo, busca al apu Kon para dialogar.

Y dialogan ambos hijos solares. Y siguen dialogando, desde la salida del Sol hasta la entrada de la madre Luna.

Hablan sobre el origen de los orígenes, del tiempo de los tiempos. Y,  al tratar de ponerse de acuerdo: o en el reino de los simios y de la simionidad, o en la animación de otros y nuevos seres terrenales, no pueden ellos tener el mismo criterio.

Discuten los dos hermanos. Y estallan los volcanes arrojando piedras de candela, bosques y bosques de fuego y de aire feroz. Un temblor de serpientes se hace la Tierra, abriéndose en barrancos, quebradas y abismos.

Arriba, allá en los breñales, se cubre con flor de piedra y nieve la vertebral columna de las milenarias cordilleras.

Todo se agita y quiebra. Se convulsiona y rompe todo. El Mundo es un catastrófico katatay, o temblor, de extremo a extremo. Pero ninguno de los apus animadores quiere ceder su punto de vista.

Un mediodía pleno, a la hora en que se pone vertical el padre Sol, al fin, se calman los ánimos.

A otros contornos  de la memoria es enviado el apu Kon, junto con sus criaturas primarias. Aquellos proto-hombres y  aquellas  proto-mujeres, en monos son convertidos.

Ya casi invisible en los extramuros de la lejanía, la sombra de Kon se reduce a un solo puntito, apenas vibrátil e incoloro. Y se extinguen las candelas geológicas de una milenaria génesis lítica, cataclísmica, abismal.

 No se sabe cuánto duró la era del silencio y la inacción, de la ausencia y el vacío.

Todo parecía cubrirse de sombras y olvidos. Y la nada aumentaba cada vez más.

Entonces, desde otras extremidades del tiempo y de muy adentro del Mundo, poco a poco, comienza a resplandecer una luz en el horizonte.

Es la figura de Pachakámaq, brindándoles alma y espíritu a todos los seres y, un ordenamiento biológico a la naturaleza.

Es luz de aurora que anima y da espíritu a la realidad.

Es una dinámica de armonía, equilibrio y complementariedad en todo lo que se mueve y conmueve.

El pacha tiempo y el pacha espacio adquieren el  maravilloso kamay, o acto de animación.

De los lagos y lagunas de arriba y de los ríos y océanos de abajo, como volteando el caos geológico,  hace brotar Pachakámaq a los hombres y mujeres de carne y hueso, de alma  y  espíritu.

Organizados, después, en ayllus, o colectividades andinas, los runas, o gentes, desarrollan a flor de arco iris sus vidas. A racimos de estrellas y luceros y galaxias multiplican sus cósmicos ensueños. Izan a vuelo de kukulis, o palomas, la pacífica alegría sobre el techo de sus casas de piedra y argamasa.

No adoran a Pachakámaq. Tampoco le temen. Porque él no es dios, sino un sencillo y amoroso padre animador de los seres de la Tierra. Ni siquiera todopoderoso es,  porque el poder máximo nomás lo tiene el ayllu y la colectividad de las cuatro mitades del Tawantinsuyo.

En armonía social y  espiritual se multiplica la vida, y el ayllu  hamutay, o pensamiento colectivo, de los runas, se orienta hacia la educación y el trabajo.

En equilibrio económico, los pueblos tienen lo que por derecho deben tener. No pueden faltar la papa y el maíz de cada día, porque nadie tiene el derecho a morirse de hambre.

Hasta que, una tarde trágica, llegan unos monstruos llamados conquistadores, semejantes a los sacha runas, o salvajes, castigados por Kon.

Desde entonces, el virus de la conquista corroe y corroe el cuerpo y el alma de los descendientes del Sol.

Los apus, o señores, ancestrales son retirados de la historia. Y, como queriendo olvidarlos, se les desplaza a sitios del mito y la leyenda.

En el horizonte, se van diluyendo las líneas de su presencia tutelar

Tanto que ya casi nadie los aprecia ni valora.

Solo el abuelo Grillo, al final del relato, pone candela en sus ojos. Y prende la luz del optimismo en la siguiente pregunta que, a la vez, lleva su propia respuesta:

- ¿Cuál está más cerca de la verdad, el mito o la historia?

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